¿Se avecina un aumento de costes en 2026 en los planes de prevención de riesgos laborales?


Como profesional de la prevención de riesgos laborales, una de las preguntas que con mayor frecuencia escucho por parte de empresarios, directivos y responsables de recursos humanos es si en los próximos años aumentará el coste asociado a la gestión preventiva. Con la vista puesta en 2026, todo apunta a que los planes de prevención de riesgos laborales experimentarán una presión al alza en términos económicos. Pero ¿a qué se debe esta tendencia?, ¿es inevitable?, y sobre todo, ¿Cómo pueden prepararse las empresas?

En este artículo analizamos los factores clave que previsiblemente influirán en el incremento de costes y cómo afrontarlos de forma estratégica, sin perder de vista el verdadero objetivo de la PRL: proteger la seguridad y salud de las personas trabajadoras.

 

Un contexto normativo cada vez más exigente


La prevención de riesgos laborales es un ámbito vivo, en constante evolución. Desde la aprobación de la Ley 31/1995, el marco normativo no ha dejado de ampliarse y concretarse mediante reales decretos, guías técnicas y criterios de la Inspección de Trabajo. De cara a 2026, se espera una mayor adaptación de la normativa a nuevos escenarios laborales, como:

  • El teletrabajo y los modelos híbridos.
  • La digitalización y automatización de procesos.
  • La exposición a riesgos psicosociales y ergonómicos.
  • El envejecimiento de la población activa.

Estas realidades obligan a actualizar el plan de prevención de riesgos laborales, incorporando nuevas evaluaciones, medidas preventivas específicas y un seguimiento más exhaustivo. Todo ello conlleva un aumento de recursos técnicos y humanos, que inevitablemente tiene impacto económico.

 

Mayor foco en riesgos psicosociales y salud mental


Uno de los ámbitos donde más claramente se percibe un posible incremento de costes es en la gestión de los riesgos laborales de carácter psicosocial. Estrés, burnout, acoso laboral o desconexión digital han pasado de ser cuestiones secundarias a situarse en el centro de las políticas preventivas.

La Inspección de Trabajo está intensificando las actuaciones en este campo, exigiendo evaluaciones psicosociales rigurosas y planes de acción reales. Implementar estas medidas dentro del plan de PRL requiere:

  • Herramientas de evaluación específicas.
  • Personal técnico cualificado.
  • Formación a mandos intermedios y trabajadores.
  • Seguimiento y revisión periódica de las medidas adoptadas.

Todo ello supone una inversión que muchas empresas no contemplaban hace unos años, pero que será difícil de evitar en el horizonte de 2026.

 

Digitalización de la prevención: inversión inicial, ahorro a largo plazo


Otro factor clave es la digitalización de la prevención de riesgos laborales. Cada vez más organizaciones están adoptando plataformas digitales para la gestión documental, la coordinación de actividades empresariales o la formación online en PRL.

Aunque a largo plazo estas herramientas pueden generar eficiencia y ahorro, en el corto y medio plazo implican costes de implantación, licencias, adaptación de procesos y formación del personal. De cara a 2026, las empresas que aún no hayan dado este paso podrían verse obligadas a hacerlo para cumplir con los estándares del mercado y las exigencias legales, incrementando así su presupuesto preventivo.

 

Escasez de profesionales y aumento de tarifas


El mercado laboral también influye. La demanda de técnicos cualificados en prevención de riesgos laborales está creciendo, mientras que la oferta no siempre avanza al mismo ritmo. Esta situación puede provocar:

  • Aumento de las tarifas de los servicios de prevención ajenos.
  • Mayor coste salarial de los técnicos internos.
  • Dificultades para cubrir puestos especializados.

En consecuencia, mantener un plan de prevención de riesgos laborales de calidad puede resultar más caro, especialmente para pequeñas y medianas empresas que dependen de servicios externos.


Formación continua: una obligación creciente


La formación en PRL es un pilar básico del sistema preventivo. Sin embargo, los contenidos formativos son cada vez más amplios y específicos. Ya no basta con una formación inicial genérica; ahora se exige:

  • Formación adaptada al puesto de trabajo.
  • Actualizaciones periódicas.
  • Contenidos específicos en nuevas tecnologías, maquinaria o procedimientos.

Integrar esta formación dentro del plan de PRL supone dedicar tiempo, recursos económicos y planificación, especialmente si se busca una formación de calidad y realmente efectiva.

 

¿Es inevitable el aumento de costes?


Aunque muchos indicadores apuntan a un incremento de costes en 2026, es importante matizar que no se trata solo de un gasto, sino de una inversión. Una gestión preventiva eficaz reduce:

  • Accidentes de trabajo y enfermedades profesionales.
  • Costes por bajas laborales y rotación de personal.
  • Sanciones administrativas y responsabilidades legales.
  • Daños reputacionales para la empresa.

Un plan de prevención de riesgos laborales bien diseñado y actualizado puede ayudar a optimizar recursos, priorizar actuaciones y evitar gastos imprevistos mucho mayores.

 

Claves para anticiparse y optimizar el presupuesto preventivo


Desde una perspectiva profesional, recomiendo a las empresas adoptar una actitud proactiva frente a 2026:

  1. Revisar periódicamente el plan de PRL, anticipando cambios normativos y organizativos.
  2. Invertir en digitalización de forma planificada, buscando soluciones escalables.
  3. Integrar la prevención en la gestión diaria, evitando que sea un elemento aislado.
  4. Apostar por la formación interna, capacitando a mandos y trabajadores como agentes preventivos.
  5. Colaborar estrechamente con el servicio de prevención, alineando objetivos y prioridades.

Todo indica que en 2026 los costes asociados a la prevención de riesgos laborales tenderán a aumentar, impulsados por mayores exigencias normativas, nuevos riesgos laborales, digitalización y un enfoque más amplio de la salud laboral. Sin embargo, este escenario no debe verse únicamente como una carga económica, sino como una oportunidad para profesionalizar y fortalecer el plan de prevención de riesgos laborales.

Las empresas que se anticipen, planifiquen y entiendan la PRL como una inversión estratégica estarán mejor preparadas para afrontar el futuro, proteger a sus trabajadores y garantizar la sostenibilidad de su negocio. Porque, en última instancia, un buen plan de PRL no solo previene accidentes: construye organizaciones más seguras, saludables y competitivas.

 

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